Creación de la República Federal
Después de la fallida anexión al Imperio Mexicano, los procesos políticos iniciados en algunas provincias eran
irreversibles y los funcionarios republicanos estaban lejos de tener la legitimidad
de la que el monarca español gozó a lo largo de tres siglos. Por lo tanto, no
había otra alternativa sino otorgarle capacidad de decidir al poder local
mediante la adopción de un sistema federal.
La tensión entre centralistas y federalistas se reflejó en
las disposiciones de la Constitución emitida a finales de 1824.
El antiguo Reino de Guatemala se convirtió en una República
Federal dividida en cinco Estados, cada uno con su propia Carta Magna.
Tanto la
Constitución federal como las estatales adoptaron la división de poderes
(ejecutivo, legislativo y judicial) concebida durante el siglo XVIII.
Además,
el legislativo federal se dividió en Asamblea y Senado, la primera compuesta
por representantes electos de acuerdo a la población y el segundo por un número
fijo de senadores por Estado.
Esta medida pretendía limitar el peso político
del Estado de Guatemala, que concentraba a la mayoría de la población y podía
controlar al gobierno nacional. Sin embargo, la Constitución federal contenía
múltiples contradicciones internas, no definía cuál sería la capital federal e
ignoraba el grave problema fiscal.
La Constitución federal no concilió los intereses locales y
los nacionales, y su aplicación generó más conflictos. La anarquía continuó en
Nicaragua, el ejército federal invadió Honduras y El Salvador, las autoridades
del Estado de Guatemala y el gobierno federal entraron en conflicto, los
Estados se apropiaron de los impuestos de la República y Costa Rica amenazó con
la secesión. En contraste con la mayoría de Hispanoamérica, durante la primera
década de vida independiente centroamericana no hubo un caudillo que aglutinara
a su alrededor las distintas fuerzas políticas. Aunque a finales de esta década
apareció la figura de Francisco Morazán, el proyecto federal con el cual se
identificó ya había iniciado un prolongado proceso de disolución.
La existencia de la
Federación estuvo íntimamente ligada al destino del único caudillo de dimensión
centroamericana: Francisco Morazán.
Con su genio militar controló Guatemala, El Salvador y Honduras, mientras que su habilidad política le permitió negociar con sectores conservadores como el campesinado hondureño, y apoyar el establecimiento de un gobierno liberal en Guatemala.
Trasladó la capital federal a San Salvador para poner fin a las tendencias centralistas defendidas por parte de la élite guatemalteca, pero la fuerza de las armas no le permitió mantener con vida las instituciones republicanas: el estado de guerra impidió los procesos electorales.
A la sombra del caudillo se realizó el experimento liberal más radical de la Centroamérica de esa época: el gobierno de Mariano Gálvez, en Guatemala. El proyecto liberal se basó en la idea de una república compuesta por pequeños y medianos propietarios, partiendo de la suposición de que la tierra y la especulación eran la llave del ascenso social.
Con su genio militar controló Guatemala, El Salvador y Honduras, mientras que su habilidad política le permitió negociar con sectores conservadores como el campesinado hondureño, y apoyar el establecimiento de un gobierno liberal en Guatemala.
Trasladó la capital federal a San Salvador para poner fin a las tendencias centralistas defendidas por parte de la élite guatemalteca, pero la fuerza de las armas no le permitió mantener con vida las instituciones republicanas: el estado de guerra impidió los procesos electorales.
A la sombra del caudillo se realizó el experimento liberal más radical de la Centroamérica de esa época: el gobierno de Mariano Gálvez, en Guatemala. El proyecto liberal se basó en la idea de una república compuesta por pequeños y medianos propietarios, partiendo de la suposición de que la tierra y la especulación eran la llave del ascenso social.
En 1838 se reunió el poder legislativo federal por última
vez, y aprobó dos leyes trascendentales. La primera fue sobre la creación del
Estado de Los Altos, en el occidente guatemalteco, consecuencia tanto de las
aspiraciones de la élite de Quezaltenango como del interés de los otros Estados
en disminuir el poder del Estado de Guatemala. Esta medida fue un elemento más
en la disolución de la República Federal, pues los acontecimientos de las
décadas anteriores ya habían convertido la ciudad de Guatemala en una capital
en busca de un país.
La élite capitalina percibió como afrentas intolerables la
separación de los indígenas del altiplano, a quienes siempre había considerado
su patrimonio, y la adhesión a otra entidad política para proveerse de trigo.
La segunda ley autorizó a los Estados para que aplicaran el sistema de gobierno
que más les conviniese: la moribunda Federación redactó su propio certificado
de defunción. (Franklin,
Cáceres Prendes, Lindo Fuentes, & Reyes)
Bibliografía
Franklin, W., Cáceres Prendes, J., Lindo Fuentes,
H., & Reyes, S. (s.f.). Centroamericano, Historia del Itsmo (Vol.
II). Grupo Editorial Siquisiri.


